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  sábado | 15-07-2017 | 12:20 | Tiempo de lectura 04:18 (862 palabras)
El gas de Vaca Muerta a Chile

El gobierno nacional volverá a usar el gasoducto que conecta a Vaca Muerta con el vecino país. Es parte del swap entre los gobiernos. La exportación compensará los volúmenes ingresados desde Chile por la zona norte.

En el marco del primer Encuentro Chileno-Argentino sobre Integración Energética se anunció un canje de gas natural a través de un sistema de permutas. Los términos del acuerdo se discuten con detalle desde mayo. Sin embargo fuentes del ministerio de Energía anticiparon que la firma podría hacerse en el corto plazo.

Uno de los puntos que está cerrado es que el acuerdo permitiría intercambiar gas o electricidad, pero deberá ser a través de fuentes de la misma naturaleza: electricidad por electricidad o gas por gas, según se señala en el diario “Río Negro”.

La modalidad del swap, según lo que se informó durante la visita a Neuquén del embajador chileno en Argentina, José Antonio Viera Gallo, se concretará con el envío de energía por un punto y su retribución a través de otro.

Bajo ese esquema, la entrada del gas que los chilenos reciben por las terminales de GNL Quintero y Mejillones llegarían al país por el gasoducto GasAndes. Los puntos de evacuación para el fluido argentino son dos: el primero es Neuquén que se conecta con la Región del Biobío a través del gasoducto del Pacífico. La otra –considerada por Chile– es Magallanes vía el gasoducto Posesión.

El protocolo de intercambio incluiría varias cláusulas, entre las que se destaca que el swap entre ambos países no interferirá con la seguridad energética interna y que en caso de estar en riesgo se suspende. Los volúmenes dependerán de las necesidades tanto de Chile como de Argentina sin que afecte la operación de los sistemas eléctricos.

Los envíos actuales se realizan por los mismos gasoductos que en la década del ‘90, durante el gobierno de Carlos Menem, Argentina usó para exportar gas a Chile por casi 22 millones de metros cúbicos diarios (casi lo mismo que ingresa desde Bolivia). Luego, durante la presidencia de Néstor Kirchner, se afrontó una paulatina disminución del suministro, hasta que se cerró definitivamente en 2006.

En el 2016, con la gestión de Mauricio Macri, se comenzó a importar gas desde Chile. El GNL chileno llega a través del Océano Pacífico, luego lo regasifican y lo inyectan en los gasoductos trasnacionales.

La falta de gas de Argentina que se intensifica durante el invierno, obliga a importar el fluido. Con la llegada de Juan José Aranguren al ministerio de Energía, el gobierno nacional agregó a Chile como proveedor y mantuvo los ingresos desde Bolivia y a través de los buques regasificadores de los puertos de Escobar y Bahía Blanca.

La política de importaciones, que incluye contratos heredados del gobierno anterior y nuevos acuerdos, presenta una marcada dispersión de precios. El gas de Bolivia en este invierno le cuesta al Estado u$s 317 millones (u$s 4,98 por millón de BTU), mientras que comprárselo a Chile insume u$s 82 millones (u$s 7,70 por millón de BTU). La razón que esgrime Enarsa, para comprar a Chile, es que la importación desde allí reemplaza al gasoil, combustible –más caro y contaminante– que se utiliza para generar electricidad.

En este sentido, Chile envía un promedio de 3 millones de metros cúbicos por día. Desde junio y hasta agosto transitarán hacia el país 85 millones de metros cúbicos.

Cuando el frío se va, la demanda de gas natural cae abruptamente en el sector residencial del país. En estas circunstancias, como el país no posee almacenaje subterráneo de gas natural que si tienen otros mercados, Aranguren plantea que pueden darse tres escenarios.

El primero: cerrar la producción, con la merma en la oferta de GLP y petróleo crudo asociado, con pérdida de ingresos para todos los actores. El segundo: reprogramar los cargamentos de GNL y pagar las penalidades por forzar los atrasos. El tercero: sacar el gas en las estaciones más templadas del año para traerlo de regreso cuando el mercado esté en condiciones de absorberlo.

Esta última alternativa es la que se analiza como swap. Según el ministro Aranguren “es menos costosa y no atenta contra la seguridad del suministro, en la medida de que podamos acomodarla con nuestros vecinos chilenos”.

Se trataría de exportaciones temporarias con compromiso de reimportación. En esto, toma un vital protagonismo Neuquén y el desarrollo que se espera de Vaca Muerta, en la zona cabecera del gasoducto del Pacífico que conecta Loma La Lata con la ciudad chilena de Concepción.

“Para que esto no detenga el desarrollo hasta tanto estén concluidos los trabajos de expansión de transporte necesarios, se hace conveniente llevar el gas a Concepción, para luego reingresarlo al país a través del gasoducto GasAndes, que conecta Santiago de Chile con nuestro gasoducto Centro Oeste”, explicaba Aranguren.

Rubén Etcheverry, secretario de Modernización de Neuquén Capital y expresidente de GyP, acuerda con el esquema que denomina “happy hour”. “En el intercambio no debe establecerse ningún extremo, si no algo que beneficie a las dos partes. El aumento de la producción de la mano de Vaca Muerta permitirá la comercialización en los periodos de menor demanda interna”, explicó.
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